Siete presidentes, pocos resultados: 40 años de expansión del crimen organizado

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De José López Portillo a Enrique Peña Nieto, el mapa delictivo del país se ha modificado sin que la estrategia de seguridad del Estado mexicano haya logrado frenar el avance de las organizaciones criminales o impedir que se dediquen al saqueo ciudadano.

Por Tania L. Montalvo (@tanlmont)

El asesinato de un agente de la Agencia Antinarcóticos de Estados Unidos cambió en febrero de 1985 la historia del narcotráfico en México.

Ese año, el agente Enrique Camarena fue asesinado por el llamado Cártel de Guadalajara, que lo acusó de haber provocado, tres meses antes, en el rancho ‘El Búfalo’, el decomiso de cuatro mil toneladas de mariguana, el más grande registrado hasta entonces.

Antes del asesinato de Camarena, el gobierno mexicano no había lanzado grandes operativos para frenar el avance de las organizaciones criminales que ya habían penetrado gobiernos estatales y municipales, así como cuerpos policiales. Pero el crimen obligó al gobierno de Miguel de la Madrid, presionado por Estados Unidos, a iniciar una cacería contra los líderes del Cártel de Guadalajara, antes conocido como la Organización de Sinaloa.

En ese 1985 se detuvo a los líderes Rafael Caro Quintero y Enrique Fonseca ‘Don Neto’. En 1989, ya en el gobierno de Carlos Salinas de Gortari, cayó el fundador del Cártel: Miguel Ángel Félix Gallardo.

Pero estas detenciones no terminaron con el grupo delictivo y mucho menos con la delincuencia organizada del país. Apenas sirvió para modificar el mapa del crimen organizado en México.

Sin los principales líderes, el Cártel de Guadalajara se dividió en tres: nacieron el Cártel de Sinaloa, el de Juárez y el de Tijuana, que dominaron, por décadas, las actividades del crimen organizado en México.

Y si entonces los grupos del narcotráfico sólo tenían presencia en diez estados del país, hoy están en la mayoría del territorio nacional y han extendido sus negocios a otros delitos que afectan directamente a los ciudadanos: secuestro, extorsión, robo…

Estrategias fallidas

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Fotos: Cuartoscuro.

La de Miguel de la Madrid no ha sido la única estrategia fallida en el combate al crimen organizado. En los últimos cuarenta años, y con la gestión de siete presidentes, los grupos de delincuencia organizada sólo se han multiplicado.

Para entender el actual mapa del crimen organizado en México es necesario volver a la década de 1970 con José López Portillo como Presidente. Los reportes oficiales indican que la actividad del narcotráfico, en ese entonces, se dividía entre el Cártel de Guadalajara y el Cártel del Golfo con operaciones en 10 estados.

Con Enrique Peña Nieto, cuatro décadas después, el Estado se enfrenta a nueve organizaciones criminales que son —todas— escisiones de las primeras dos. Son nueve cárteles con presencia en 25 entidades federativas, de acuerdo con información de la Procuraduría General de la República, obtenida mediante la Ley General de Transparencia.

Las estrategias fallidas explican, en parte, la supervivencia y fortalecimiento del crimen organizado, pero su avance tampoco podría entenderse sin considerar la vecindad con Estados Unidos, el mercado de consumidores de sustancias ilícitas más grande del mundo y el proveedor más importante de armas para cualquier grupo delincuencial.

“El negocio de la droga en México sólo ha cambiado de manos y se mantiene porque el negocio está del otro lado (de la frontera). El negocio allá no ha bajado, al contrario, va en aumento”, dice en entrevista Guillermo Valdés, exdirector del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen), y autor del libro ‘Historia del Narcotráfico en México’, una de las fuentes consultadas para la creación de NarcoData.

La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito identifica a Estados Unidos como el mercado de consumo de sustancias ilícitas más grande. Sólo de 2007 a 2012 el número de usuarios aumentó 64%, para sumar 23 millones de personas.

Pero no sólo es una cuestión de consumidores. Las organizaciones criminales mexicanas también han ganado fuerza gracias al fácil acceso a armas de fuego. Hace una década, el presidente George W. Bush derogó la disposición que prohíbe la venta de armas automáticas y de asalto en Estados Unidos. Para 2014, el 71.9% de las armas incautadas en México vinieron de Estados Unidos, según la propia Agencia de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos de Estados Unidos (ATF, por sus siglas en inglés).

El fácil acceso a armamento, junto con los grandes flujos de dinero, permite que organizaciones criminales enfrenten y resistan el embate de las fuerzas del Estado. En mayo de 2015, por ejemplo, el Cártel de Jalisco Nueva Generación derribó un helicóptero de fuerzas federales con un lanzacohetes; o en noviembre de 2010, el Cártel del Golfo resistió con granadas y armas de alto poder hasta ocho horas un operativo de la Marina.

“La fuerza que han acumulado las organizaciones criminales al punto de tener capacidad de enfrentarse al tú por tú con el Estado se gestó también con muchas omisiones. Si a lo largo de los sexenios hubiera existido un Estado operante y blindado en sus instituciones, las organizaciones criminales no hubieran crecido y no se hubieran dado las condiciones de tener cárteles nacionales con capacidad de dominar en todo un país”, explica Guillermo Valdés.

El exdirector del Cisen enfatiza que la estrategia de seguridad mucho tiempo se enfocó en la incautación de drogas y armamento, operativos armados y la detención de capos; y dejó de lado el fortalecimiento de las instituciones.

Entre 2000 y 2015, el Centro Nacional de Planeación, Análisis e Información para el Combate a la Delincuencia de la PGR reportó la detención de 393 mil 332 personas por delincuencia organizada; y el decomiso de 27.5 millones de kilogramos de mariguana.

Pero poco se puede decir de los funcionarios de alto nivel investigados, procesados y juzgados pese a las acusaciones y sospechas por nexos con el narcotráfico y el crimen organizado.

Para Alejandro Hope, editor de seguridad de El Daily Post y analista del tema desde hace una década, sexenio tras sexenio la “falla en la estrategia” está en que no se atiende esa debilidad institucional del Estado.

“¿En dónde se refleja esa debilidad? En los cuerpos policiales que son fácilmente infiltrables y pasan a las filas del crimen organizado, en el Ministerio Público que es incapaz de armar un caso complejo y deja libres a criminales de cualquier rango, en el sistema de administración de justicia en donde los jueces resultan vulnerables a corrupción e intimidación y en el mismo sistema penitenciario”, añade.

Mientras ese fortalecimiento institucional no llega hemos visto una “diversificación”, dice Hope, de las actividades del crimen organizado; y no sólo porque pasaron del tráfico de drogas a la extorsión, también porque hubo cambios en el tipo de drogas que trafican los grupos delincuenciales: primero mariguana, después cocaína, y hasta dominar en las metanfetaminas y la heroína.

México ya es líder en la producción de heroína y en el tráfico de sustancias químicas para elaborar metanfetaminas, según el Informe 2014 de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes.

“Sólo hemos visto escisiones de las grandes organizaciones. No hay debilidad, hay reconfiguración de las coaliciones y el Estado no ha sido capaz de frenarlo. El campo criminal nunca se ha mantenido estático”, dice el investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, Luis Astorga.

En la actualidad, con Enrique Peña Nieto, en el país operan el Cártel de Jalisco Nueva Generación y los de Sinaloa, Juárez, Tijuana, además de los Beltrán Leyva, todos escisiones de lo que fue el Cártel de Guadalajara.

Pero también sigue teniendo presencia el Cártel del Golfo y tres grupos más que nacieron de él: Los Zetas, la Familia Michoacana y los Caballeros Templarios.

En este mapa criminal, el Cártel de Sinaloa de Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán se ha mantenido como el de mayor influencia desde su nacimiento en 1990, como muestra la visualización de esta entrega de NarcoData, en la que el tamaño de las barras representa la presencia en territorio nacional.

También se observa cómo con el expresidente Felipe Calderón hubo especial avance de Los Zetas, que entraron a la actividad criminal como brazo armado del Cártel del Golfo y evolucionaron hasta convertirse en una de las organizaciones con mayor capacidad en ese sexenio.

En lo que respecta a la gestión de Enrique Peña Nieto, los detalles se pueden consultar en la visualización El narcotráfico desde el regreso del PRI en la que es evidente el crecimiento del Cártel de Jalisco Nueva Generación.

NarcoData muestra cómo ha evolucionado a lo largo de cuatro décadas la actividad de la delincuencia organizada en México y cómo en ese mapa criminal los mexicanos quedan en medio.

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